Visita a la Misión de San Pedro y San Pablo en Tubutama Sonora

El pasado 14 de julio del presente, el Coordinador General de CECOP Sonora acompañado de personal de su equipo del Área Técnica, realizó una visita al municipio de Tubutama Sonora con el objetivo de evaluar las condiciones de La misión de San Pedro y San Pablo para realizar en conjunto un proyecto de recuperación del monumento histórico sonorense.

En esta visita de evaluación de las condiciones del Templo, el Ing. Manuel Bustamante Sandoval estuvo acompañado por el Delegado del Centro INAH Sonora, Antropólogo José Luis Peréa González y del Presidente Municipal de Tubutama Elmer Montoya Gaxiola.

En 1687, como resultado de la visita del padre Eusebio Francisco Kino a un poblado localizado entre Imuris y Magdalena, se construyó una pequeña capilla en donde hoy se encuentra la misión de San Ignacio de Caborica. Cuando corría el año de 1695, en un poblado conocido como Tubutama fue destruida la pequeña capilla erigida años atrás por el padre Kino, la cual fue levantada sobre sus ruinas por los propios indios. La misión que hoy se conoce como San Pedro y San Pablo de Tubutama corresponde a la que erigieron los franciscanos en el mismo lugar a partir de 1788.

La misión de San Pedro y San Pablo es un templo que fue construido a finales del siglo XVII; su principal atractivo son los detalles en su arquitectura alusivos al cielo y al infierno, con figuras de ángeles tallados en las paredes, así como de la Virgen de Guadalupe y otros personajes de la época.

Otra obra de arte que alberga el templo de Tubutama es un reloj dibujado en la pared, que se utilizaba para medir la hora con los movimientos de los rayos solares, esto se logra a través de una varilla en forma vertical en el centro, la cual refleja la sombra que indica la hora del día. El interior del templo es muy sencillo, resaltando el bello trabajo decorativo de las bóvedas, logrado a base de artísticos relieves. Cuenta con un retablo barroco del siglo XVIII. La puerta de acceso es de arco de medio punto abocinado y decorado en forma de una gran concha que se abre a los fieles; las jambas y el arco de la puerta están decorados con motivos vegetales y a los lados se alzan un par de columnas abalustradas que llegan hasta una cornisa remetida. En el segundo cuerpo, un par de columnas con los fustes decorados con flores sirven de arranque a una moldura curva que encierra a la ventana del coro. A ambos costados del eje central de la portada hay un par de pequeños nichos, óculos, roleos y grandes flores que complementan el conjunto decorativo del templo.